Desde su primer EP intitulado Taura (2002), este cuarteto que emergió de las profundidades del under viene prometiendo en convertirse en algo más que en una alternativa firme para la causa stoner de Los Natas. Aquellos interesados en rastrear su ópera prima podrán poner especial atención en el brillante "Correcaminos", ganchero y desértico a la vez, que después fue incluido en el primer larga duración, Mil Silencios (2005). Huésped es un paso más en la evolución de una banda sin techo, que decide virar de los tonos sepia hacia los azules más oscuros del alma, donde la angustia y melancolía conviven en armonía con la saturación valvular y los golpes de los parches.La atmósfera de Huésped es irrespirable hasta que se cuela un viento fresco y tranquilizador que prepara el cuerpo para la próxima demostración de contundencia. En eso, mucho tiene que ver la ejecución precisa, la instrumentación rockera y despojada, y los artilugios vocales de Chaimon -un cantante que es cosa seria- que obliga a transitar los canales de su angustia.
La mezcla a cargo del guitarrista Santiago García Ferro y la masterización del sueco Pelle Henricsson (que labura, por ejemplo, con In Flames) definen una sobria terminación. Cuando Huésped deja de girar en la compactera, los ambientes quedan inundados de una extrañeza imposible de olvidar.
Pablo Mileo | Revista Soy Rock

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