
Con la gira por España finalizada, y a cuestas un sin fin de ensayos con Alfredo para que MIL SILENCIOS se muestre tal cual fue gestado, me enfrentaba a la delicada situación de tener que grabar nuevas canciones con la particularidad de que algunas sólo las había cantado un par de veces.
El primer día de grabación, llegué al estudio, miré a Santiago, quien fue el productor artístico del HUESPED, y cuando me preguntó “¿Con qué canción querés empezar?” me invadió un tornado de nervios. Fue sentir algo parecido a no haber grabado nunca en mi vida una canción. Tenía ganas de irme a dormir a mi casa.
Isma microfoneaba y no podía creer que ya estábamos por transitar esta instancia tan dura y clave, y me encantaba. Miraba grabar a Alejo las baterías y me ponía muy contento la situación de tenerlo nuevamente entre nosotros. Leo metía bajos y la felicidad era pura. Al escuchar las guitarras de Santiago ya no podía creer lo bien que sonaba todo.
Me tocaba a mi y quería que cante otro.
Hubo canciones que tuve que aprender a interpretar con el botón de REC apretado. Letras que tuve que cambiar porque comprendía que lo que cantaba no coincidía con lo que escuchaba y sentía en el pecho y el alma. Cada palabra dicha por Santiago era sagrada. La vista de quien ve más allá siempre es mejor y no todos sabemos ver más allá. Mucho té con jengibre preparado por mi querida Flor, mucho discman con JEFF BUCKLEY para inspirarme, cantar y frustrarme inmediatamente.
Cada canción, un terreno por explorar. Hay frases cantadas que pertenecen a momentos plagados de angustia y que distan de los que hoy vivo, plagados de amor. Espero que estas canciones logren, como mínimo, ser recordadas o cantadas. Todo lo demás es anecdótico.
Cuando en los shows veo gente cantando con nosotros, siento que algo hicimos. Y mi deseo de ser la banda de sonido de la vida de alguien es un sueño tan real como TAURA mismo.

0 comments:
Post a Comment